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Estres

psicologo estrés

Estrés. 

 

El estrés es la presión emocional psicológica que todos soportamos en el trabajo, las relaciones sociales y las responsabilidades que   fuimos adquiriendo. La clave para controlar el estrés es dominar, “domar” esas fuentes de presión y comprender que como emocional que es, la presión no esta en el ambiente sino en nosotros mismos.

En nuestros días todos trabajamos a un ritmo vertiginoso. La era de la tecnología, de las redes sociales y del mundo conectado a través del teléfono móvil hace que cada segundo del día ha de ser productivo porque no podemos “fallarle” a nuestro jefe, a nuestra familia o simplemente a lo que nos exigimos a nosotros mismos.

Esas sensaciones son completamente nuestras porque somos nosotros las que las creamos. El mundo nos exige que hagamos las cosas, no que sintamos presionados por hacerlas de modo que un buen trabajo a nivel cognitivo y conductual puede poner freno a esos pensamientos casi obsesivos que nos auto inducen la tensión del estrés.

 

Estres laboral.

Es trabajando donde mayor parte de nuestro tiempo “consciente” pasamos. Si dividimos las 24 horas del día en tres partes observamos que un tercio lo pasamos durmiendo, otro trabajando y tan solo ocho horas en el mejor de los casos nos quedan para “vivir”. Así pues, no parece extraño que el trabajo que tanto esfuerzo y tiempo ocupa en nuestras vidas se convierta en una fuente inacabable de preocupaciones, tensiones y sacrificios psicológicamente hablando. Sumamos a el tiempo que ocupa nuestro trabajo la carga psicológica de “lidiar” con otras personas. Todo el mundo tiene un jefe. Nadie se ve libre del mismo porque el trabajo es una acción o conducta que sirve a otro recompensado por dinero. Por consiguiente, el trabajo nos conecta y compromete con los otros que han de valorar nuestro esfuerzo para recompensarlo en su medida y en el juicio de los otros existe la tensión inevitable de hacer bien nuestro trabajo ya no tan solo para ser bien recompensado sino para sentirnos bien con nosotros mismos y mantener nuestra autoestima como personas capaces.

No es solo el tiempo que dedicamos a trabajar, ni el contacto con los otros solamente lo que ejerce presión sobre nosotros. Además, esta la responsabilidad que, aunque no este explicita en las acciones del trabajo está implícita en los acuerdos que llegamos con las personas que nos han contratado. Así pues, un odontólogo siente la presión psicológica de ejecutar una operación de un modo correcto, en tiempo y economía a su paciente, como un profesor siente la presión por los resultados de un examen por parte de sus alumnos para evaluar su trabajo realizado como docente y un vendedor de cualquier artículo siente la presión de su libreta de pedidos para justificar el cobro de sus comisiones.

Indefectiblemente, el trabajo es el mayor generador de estrés sea cual sea su aplicación y características en cualquier género y cultura del mundo y nos obliga a estar continuamente en tensión con nosotros mismos porque “la competencia aprieta”.

 

Estrés emocional.

Pero el estrés es fuente de nerviosismo o ansiedad y la ansiedad se presenta como respuesta emocional y si la emoción es hija del pensamiento será a través del pensamiento y no del lexatín como seremos capaces de desactivar esta bomba llamada estrés.

Lo explicamos. Cuando la presión de llegar a todo y a todos y de cumplir con las tareas y los plazos en tiempo nos colapsa porque nos es imposible cumplir con ello y con los demás nuestro pensamiento, alarmado, nos hace consciente del aprieto en que estamos inmersos. Cuando contactamos con ese pensamiento surge espontáneamente la respuesta emocional en forma de ansiedad más o menos controlable y ante esa respuesta emocional actuamos con los recursos que hemos aprendido o que forman parte de nuestro patrón de respuesta como darnos prisa, querer abarcar más trabajo del que podemos producir, mal humor, ira, etc.

Ante la respuesta emocional como dijimos reaccionamos “apagando fuegos” y “poniendo parches” para “llegar a todo” pero lo cierto es que la premura nos suele llevar al desconcierto y al sufrimiento psicológico. Debemos ser capaces de controlar nuestras respuestas de un modo sistemático y ordenado sin dejar que el estrés nos sobrepase. Imagínate el estrés que debe sufrir Rafa Nadal para llegar a cada bola. El secreto de su éxito es más mental que físico, el mismo lo ha dicho muchas veces. El secreto para controlar el estrés es controlar la respuesta emocional para minimizarla en lugar de maximizarla como algunas personas hacen. En definitiva, no hay mejor herramienta contra el estrés que el autocontrol.

Estrés y ansiedad

Hay tantas definiciones de estrés y de ansiedad como teóricos para enunciarlas, pero para que cualquier profano pueda entender la diferencia diríamos que la ansiedad es la respuesta emocional y el estrés es la sobrecarga de pensamiento que la saturación en las tareas o compromisos con otras personas nos obligan. Algunas personas lo identifican como iguales otras no. Más que intentar ponerle nombre al gato lo que pretendemos es que cace ratones. Lo importante es aprender a controlar el estrés y la ansiedad mediante el cambio cognitivo y el cambio conductual, mediante las pautas para pensar mejor y actuar mejor. Si nos organizamos mejor en la vida seremos más capaces de seguir adelante sufriendo mucho menos estrés.

Estrés crónico

El ser humano es capaz de adaptarse y de habituarse a todo. El ser humano puede habituarse a vivir en Siberia y en el desierto del Sahara. El ser humano se ha habituado a vivir en un estrés crónico que va desde el trabajo a nuestras relaciones sociales y afectivas. Ya se enseña durante la infancia. No es inhabitual encontrarse con niños que tienen toda la tarde recargada con tareas extraescolares y apenas tienen tiempo de correr de un lado para otro para estar tanto en actividades deportivas como de complemento del aprendizaje académico sobre todo idiomáticas. El niño que tiene clases de inglés, Frances, Robótica, Baloncesto y Música aprenderá muchas cosas, entre ellas a vivir con estrés el resto de su vida. Una persona que tiene que cumplir con el trabajo, pasar por el supermercado para hacer la compra, preparar la comida del día siguiente, estudiar las oposiciones y otras tareas domésticas cuando llegue la noche , si no ha sufrido un infarto, habrá vivido más de 12 horas con un nivel de estrés muy alto. Este nivel de estrés continuado en el tiempo ya crónico, es un agente nocivo para la salud. Sería conveniente aprender a organizarse para reducir ese nivel de estrés. Vida no hay más que una. No merece la pena vivirla así.

Tensión nerviosa

La tensión nerviosa es la sensación que experimenta la persona que ha de estar concentrada al 100%, que es exigida en demasía por su entorno social y que ha de enfrentarse a un reto que le absorbe el pensamiento y las emociones activando toda su   atención y concentración.

Esta tensión nerviosa absorbe una gran cantidad de energía y cuando es constante en el tiempo y no tiene mecanismos de desconexión produce saturación y bloqueo. Una persona probablemente tendrá una tensión ante un examen importante o una reunión exigente pero cuando la tensión nerviosa se generaliza a todos los momentos de su vida y le obligan a “ir como una moto” existen serios riesgos de colapso mental que deberían resetearse estableciendo pautas conductuales y cognitivas de dejen fluir de nuevo una vida normal sin la tensión nerviosa que el estrés crónico martiriza como es sabido.

Estrés tratamiento

El mejor tratamiento para el estrés es común a otros tratamientos para cualquier trastorno psicológico. La clarificación de valores y objetivos, la búsqueda de sentido vital, el cambio conductual y cognitivo y el autoconocimiento en profundidad dan al paciente una nueva perspectiva que permite afrontar los retos del día a día sin morir en el intento.

Teléfono Cita Previa: 667470132

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